Mostrando entradas con la etiqueta energia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta energia. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de diciembre de 2016

ENERGÍA DE LA SEMANA: APOYO CELESTIAL


ENERGÍA DE LA SEMANA: APOYO CELESTIAL
TRANSFORMACIÓN PERSONAL

El Midrash para la porción de la Biblia de esta semana explica que en el primer día del mes deNisán (Aries), el Creador le ordenó a Moshé que finalmente erigiera el Mishkán (Tabernáculo). Durante meses los constructores habían estado trabajando en esta construcción y ahora el Creador quería que estuviera terminada. Ahora puede que esto parezca como un hecho imposible: que un hombre erigiera todo un edificio. Pero el Creador le dijo a Moshé: “Sólo intenta levantarlo y yo haré el resto”. Así que Moshé empujó y Tabernáculo y se erigió. Como el Midrash describe: “Finalmente Moshé hizo el Mishkán por sí solo. Él apenas tocó las vigas y milagrosamente se acomodaron en su posición” (Midrash, Pekudei).

Ésta es una lección para todos nosotros. Todo lo que se espera de nosotros es tratar de hacer lo que podamos, para que logremos nuestra mitad del trabajo. El Creador hará el resto. Nada de lo que se nos presenta va más allá de nuestras habilidades. No se espera nada de nosotros que no podamos hacer. No se nos pide que nos convirtamos en santos. (Si todos nos convertimos en santos sería maravilloso, pero dudo que eso ocurra en el futuro inmediato). Sino lo que se nos pide es que hagamos el esfuerzo porque es ese esfuerzo el que crea el espacio para que la Luz entre y nos ayude.
Esta semana cuando se te presente un reto que parezca insuperable, pídele ayuda al Creador y recuerda que nunca se nos da más de lo que podemos manejar.
A medida que vaya transcurriendo la semana, por favor comparte si la energía de esta semana se presenta en tu vida, cómo se presentó y cómo la usarás para crecer en tu viaje espiritual.

jueves, 3 de noviembre de 2016


















LA MISMA ENERGÍA QUE DA VIDA AL CUERPO, TAMBIÉN LO MATA



UNO NECESITA DORMIR POR EXCESO DE VITALIDAD


La explicación usual que da la ciencia médica a la necesidad de dormir es porque el cuerpo físico, después de un periodo de actividad, se le agota la energía y necesita reposarse para recuperar fuerzas.


Sin embargo, la explicación esotérica es muy diferente.


Los maestros trans-himalayicos explican que en efecto el cuerpo se fatiga, pero no solamente por cansancio, sino también y sobre todo por sobreabundancia de vitalidad pranica que ha ido acumulando durante el periodo de vigilia. El sueño sirve por consiguiente para liberarnos de ese exceso y restaurar de nuevo el equilibrio en nuestro cuerpo.


Sin este ajuste periódico, la corriente de vida terminaría por destruir al cuerpo físico. Y de hecho es lo que con el tiempo y el desgaste del cuerpo, la energía de vitalidad pranica termina haciendo.

Y Blavatsky detalla más este asunto:


« Así como un hombre agotado por un estado del fluido de la vida, busca otro estado que lo equilibre. Como por ejemplo, cuando agotado por el aire caliente, se refresca con agua fría. De igual modo el acto de dormir es como estar en el rincón sombreado del valle de la vida iluminado por un ardiente sol.


La necesidad de irse a dormir es un signo de que la vida de vigilia se ha hecho muy fuerte para el organismo físico y que la fuerza de la corriente de vitalidad debe de atenuarse temporalmente cambiando el estado despierto por el estado dormido.


Pídanle a algún buen clarividente que les describa el aura de una persona que se haya refrescado por una bien noche de sueño y la descripción de otra justo antes de irse a dormir.


La primera persona se verá bañada en vibraciones rítmicas de corrientes de vida (las cuales son doradas, azules y color rosa, ya que estos son los colores de las ondas eléctricas de la vida).





Mientras que la segunda persona se verá como si estuviese en medio de una tonalidad dorado-anaranjada compuesta de átomos girando con una casi increíble rapidez espasmódica, mostrando de esta manera que la persona comienza a estar demasiado fuertemente saturada por la vitalidad pranica.





La corriente de la vida comienza a ser demasiado fuerte para sus órganos físicos y debe buscar alivio en el lado sombreado de esa esencia, siendo ese lado la etapa del dormir físico, que es uno de los estados de la conciencia. »
(Memorias de la Logia Blavatsky, p. 58)


Si ya sé lo que piensan, porque yo tuve la misma reacción al principio: ¡es absurdo! Sin embargo, más lo reflexiono y más concluyo que ha de ser cierto.



Para mejor comprender eso, imaginen el cuerpo físico como si fuera un calentador eléctrico y la energía de vitalidad como la corriente que lo atraviesa cuando el calentador se encuentra prendido.






A cabo de un tiempo hay que desconectar el aparato, porque de lo contrario se va a calentar demasiado y se va a fundir. Y después de un tiempo de reposo, el calentador se enfría y de nuevo puede volverse a conectar. Aunque con la usura del tiempo, algún día terminara por descomponerse y ya no funcionará más.


Pues bien, con el hombre sucede lo mismo: cuando el hombre está despierto, él recibe intensamente la corriente de vida, pero después de un cierto número de horas, su cuerpo físico comienza a estar demasiado saturado por esa corriente energética y entonces necesita, no desconectarse porque entonces se muere, pero si descansar haciendo pasar una intensidad más baja de la corriente. Y eso se logra por medio del sueño.






Y es interesante constatar que el Nahual Don Juan (en la obra de Carlos Castañeda) enseña un concepto parecido.

El Nahual dice que la fuerza indescriptible que es el origen de todo lo que existe, los antiguos videntes la llamaron el Águila, porque al vislumbrarla brevemente, la “vieron” como algo que parecía a un águila.


« La tumbadora (que es como los toltecas llamaban a la muerte) es una fuerza de las emanaciones del Águila que nos golpea a cada instante.
. . .
Los videntes describen a la tumbadora como una línea eterna de anillos iridiscentes o bolas de fuego que ruedan incesantemente sobre los seres humanos. Los seres orgánicos luminosos son golpeados sin tregua por esta fuerza, también llamada la fuerza rodante, hasta el día en el que los golpes resultan ser demasiado para ellos y los hacen finalmente desplomarse. Los antiguos videntes quedaron boquiabiertos al “ver” entonces cómo la fuerza rodante los tumba al pico del Águila para ser devorados. Por esa razón llamaban a esa fuerza la tumbadora.


La fuerza rodante es el medio a través del cual el Águila distribuye conciencia y vida. Y al mismo tiempo es la fuerza que hace morir a los seres vivientes.
. . .
La fuerza rodante está compuesta por dos fuerzas separadas: la fuerza circular, que golpea primero, es la fuerza dadora de vida (ya que gracias a su golpe el capullo luminoso no se dispersa manteniendo su forma); y la fuerza tumbadora, que golpea inmediatamente después, es la fuerza de la muerte (ya que su golpe va debilitando el capullo luminoso). Los nuevos videntes “vieron” que ambas fuerzas están fusionadas, pero que no son iguales.


En cada ser viviente el equilibrio de las dos fuerzas es muy delicado. Si en cualquier momento dado un individuo siente que la fuerza tumbadora le golpea con mayor fuerza que la circular, esto significa que está roto el equilibrio; a partir de entonces la fuerza tumbadora golpea más y más duro, hasta que rompe la abertura del ser viviente y lo hace morir. »
(El fuego interno, ed. Gaia, pg. 248-254)

Y "casualmente" este aspecto lo vemos también a nivel físico con el oxigeno, el cual es un elemento indispensable para las reacciones metabólicas del organismo (o sea vital para la vida), pero por el otro lado degenera las células con sus dañinos radicales libres.

martes, 20 de septiembre de 2016

Ladrones de Energía



¿EXISTEN REALMENTE VAMPIROS DE NUESTRA FUERZA VITAL?

¿Se siente en ciertas épocas más “bajo” de energía que habitualmente? ¿Conoce quizás a alguien quien tiene la sensación de que le está sustrayendo energía cuando se encuentra a su lado? ¿Existen realmente personas con la capacidad de absorber la energía vital de sus semejantes? En muchas ocasiones no es necesario buscar enemigos en el exterior: los verdaderos problemas comienzan siempre en su propio interior, con una actitud errónea ante el mundo.

El término “vampiro” es lo suficientemente sugestivo como para poder hablar de forma muy extensa de las connotaciones que tal expresión hace llegar a nuestra mente. Sin embargo, no nos referimos ahora al conocido personaje, ya arquetípico, sediento de la sangre y del alma de sus víctimas.

De forma genérica, puede aplicarse este término a la persona con la supuesta capacidad de sustraer la fuerza vital del campo energético de sus semejantes ¿Existen entre nosotros seres que tengan esta capacidad? ¿Puede tal cosa llegar a ser posible? Veamos lo que la moderna investigación sobre el estudio de supuestos fenómenos extraños nos ha permitido averiguar sobre este tema.

Lo primero que deberíamos saber es que nuestra actitud inconsciente ante un determinado problema hará que éste se acreciente y amplifique, o bien que se modere y disminuya. La tensión emotiva generada por el individuo que toma decisiones erróneas para su estabilidad, genera una espiral depresiva que provoca su propio malestar. El torbellino de ansiedad y desgaste psíquico deriva en una aparente disminución de su energía interior. Esta máxima elemental era conocida por muchas órdenes esotéricas, que aplicaron estas nociones ¿De qué forma?

La “Hermandad Negra”


Tomemos, como ejemplo, el significado preciso de unas palabras de Bram Stoker, creador del famoso “Drácula” y miembro de la orden ocultista Golden Dawn: “Un vampiro jamás puede acceder a su hogar, a menos que usted le preste su consentimiento y le invite previamente a entrar”.

Esa argumentación, traducida a un lenguaje cotidiano, propone que nada ni nadie tiene el poder de hacernos ningún daño psíquico, a menos que nosotros se lo permitamos. Tenemos el libre albedrío de escoger nuestras propias decisiones y actitudes. De modo que podemos abrir la puerta de nuestra mente a los supuestos problemas del exterior o cerrarla para que sea un reducto impenetrable a la hostilidad. La realidad objetiva es que nosotros somos el resultado final de lo que pensamos.

Si alguna “amistad” malintencionada nos percibe como seres débiles y vulnerables mentalmente, y entonces decide sugestionarnos con impresiones negativas que minen nuestra seguridad, esa fuerza exterior sólo cobrará poder en nuestras vidas si damos permiso para que su acceso de negatividad entre en nuestra mente. A un comentario “aparentemente” inofensivo, porque se expresa con un lenguaje suave y tenue, pero que intuimos cargado de intensiones desmoralizadoras por parte del agresor psíquico, hay que responder siempre con la indiferencia emocional. Pero la clave para lograr la verdadera invulnerabilidad es sentir en nuestro interior esa apatía frente a la información que nos llega del exterior.

¿En qué ocasiones damos autorización a los vampiros para actuar? Veámoslo con un ejemplo trivial. ¿Nunca nos ha dicho nadie, un día en el que nos encontrábamos bien emotivamente: “Hoy tienes mala cara, tu aspecto no es el de siempre, parece que tienes algún problema o que algo te preocupa, ¿te encuentras bien?”. Y nuestra respuesta ha sido la inseguridad respecto a nuestro estado real, que en realidad era bueno, y hemos ido a toda prisa a mirarnos al espejo. El supuesto vampiro psíquico puede apuntarse un rotundo éxito: ha sembrado la desorientación y, en pocos segundos, hemos comenzado a sentirnos mal.

El hecho cierto, en este caso, es que alguien ha logrado que la sombra de la duda y la desconfianza hacia nosotros mismos germine en nuestro fuero íntimo. Apliquemos esta situación a temas mucho más trascendentales, que pueden estar relacionados con el trabajo, la economía o el amor. La mínima fisura emocional permitirá que el ataque del vampiro consiga su objetivo. Nosotros mismos estaremos haciendo todo el trabajo de desgaste y autodestrucción personal, sin que nadie haya tenido que recurrir a ningún complejo ritual de magia negra para abatirnos y perjudicarnos. Nuestra actitud frente a las cosas, nuestros miedos e inseguridades interiores, han sido nuestro pero enemigo.

Los magos de la Golden Dawn, como Bram Stoker, sabían todo esto, y al recurrir muchos de ellos sutilmente a técnicas psicológicas y mentales muy concretas, generaban efectos mucho más demoledores psíquicamente sobre la víctima que con los ritos de magia operativa dirigidas contra ese mismo sujeto. Ahora bien, ¿cómo funciona este proceso en nuestra vida cotidiana?

¿Tenemos la costumbre de recrearnos en la observación morbosa de nuestra caja de Pandora psíquica con demasiada frecuencia? Sabemos, por experiencia y vivencias adquiridas, que una determinada actitud no nos beneficia; sin embargo, a pesar de ello la potenciamos y amplificamos de forma derrotista, dando por sentado que “las cosas no pueden ser de otra forma”. Por tanto, en estas circunstancias nuestra actitud personal continúa siendo errónea. Cuando nos identificamos con el sufrimiento de una situación que nos resulta desagradable, estamos generando una pérdida de energía que en ningún momento nos está beneficiando. Eso puede provocarnos un desgaste brutal; luego, es evidente que si queremos soluciones prácticas para sentirnos mejor, una reacción emotiva inversa nos permitiría un movimiento que, en este caso, sería de activación y carga.

Esta es la clave. Todo depende del planteamiento psicosomático del proceso mental con que nos programamos. A muchos nos ha sucedido en alguna ocasión que, en un momento crucial de acumulación y saturación de problemas, hemos sufrido las consecuencias de un “bloqueo emocional”; esa tensión puede haber sido creada por causas de índole familiar, laboral o quizás de salud. Pero el conflicto real no nace del problema en sí, sino de nuestra reacción ante el mismo. En lugar de buscar respuestas constructivas a nuestros “porqués” personales, nos hemos ido llenando de impresiones negativas que merman cada vez más nuestro estado de anímico. Y lo que realmente hace esa pasividad es alejarnos de una utilización adecuada de nuestra energía personal.

¿Cómo podemos incrementar dicha energía? ¿Qué fuentes de alimentación tenemos disponibles para ello? La respuesta es simple: mediante la absorción de impresiones positivas. Este sería el mecanismo principal con que funcionaría la llamada magia blanca. El practicante de las técnicas que mencionamos trabaja su mente mediante el uso controlado de su voluntad y la imaginación, lo que le hace invulnerable a lo que comúnmente se denomina magia negra, que no es más que una mala programación de los procesos cotidianos. Basados en esta sencilla máxima del vivir cotidiano, autores muy alejados del mundo de la magia han vendido millones de libros sobre crecimiento y superación personal, recordando a sus lectores que la prisión de nuestras emociones es la que nosotros mismos construimos involuntariamente; es decir, los únicos vampiros que pueden atacarnos son aquellos a quienes otorgamos ese poder.

El vampiro interior


Cuando la mente se modifica, el cuerpo cambia. Las emociones generan un tipo de contenidos psíquicos que, a su vez, producen más emociones.

¿Qué son los pensamientos? Impulsos neuronales que se llevan a cabo a través de los neurotransmisores: unas sustancias químicas que transportan los impulsos nerviosos y permiten la comunicación de los contenidos emocionales.

Los cien mil millones de neuronas del cerebro, que aproximadamente tienen unos cien billones de conexiones de circuitos o sinapsis, mediante las cuales las células de este órgano transmiten toda esa información. Nuestros pensamientos son capaces de generar y poner en actividad las sustancias químicas necesarias para el buen funcionamiento del organismo. La mente moviliza átomos de hidrógeno, carbono, oxígeno, y también envía impulsos específicos, que afectan a la segregación hormonal y a todas las glándulas del sistema endocrino.

La salud de una persona, en consecuencia, estará en parte determinada por su actitud ante la enfermedad, ya que sus pensamientos, en uno u otro sentido, provocarán cambios en su estado físico y mental; es decir, los conductos neuronales envían o no la energía suficiente para el buen funcionamiento del proceso. Cuando esta no llega, o hay una sobrecarga, aparece la enfermedad.
Los terribles efectos que puede llegar a provocar esta situación no son imaginarios, sino absolutamente reales. Los problemas mal canalizados generan una especie de “vampiro cerebral” que devora al cuerpo. Este demonio tiene nombre: la cortisona, que es la hormona generada en situaciones de estrés; éste aumenta su concentración en sangre provocando así daños degenerativos en el cerebro y destruyendo una importante cantidad de neuronas del hipotálamo.

El subconsciente del afectado somatiza la agresión, lo que deriva en estados alucinatorios, como respuesta a la inestabilidad neuronal; procesos que a su vez se precipitan en una escalada de depresión y ansiedad. Como consecuencia, el problema se duplica. Hasta ese momento, la falta de energía tenía un fundamento puramente psicosomático, pero a partir del instante en que se produce la degeneración celular surge un estado permanente de desequilibro hormonal que abre la puerta a una pérdida permanente de energía. Lo peor es que esta amenaza fisiológica aparece por una actitud equivocada del individuo: posturas de derrota, insatisfacción o agresividad mal canalizada. Sin esta actitud negativa, nuestro vampiro interior no tendría ningún poder.


El poder del pensamiento

Según el psicólogo Stanley Schachter, “muchas veces un estado emocional no es más que el resultado de la interacción entre la actividad fisiológica y la evaluación cognitiva de la situación”. En realidad, ¿qué son las emociones? Podríamos definirlas como fenómenos multidimensionales, ya que son estados subjetivos. También podría decirse que constituyen respuestas biológicas y fisiológicas que preparan el cuerpo para una función adaptativa. Si tenemos una emoción, se producen cambios corporales.
Acudamos a la actividad del sistema nervioso durante una experiencia que nos provoque miedo. Automáticamente, se produce una serie de variaciones corporales previsibles y recurrentes: el bombeo del corazón aumenta sus palpitaciones, las manos experimentan una mayor sudoración, la presión sube de forma alarmante y la respiración también se acelera. Es un círculo cerrado. A su vez, ese aumento de la actividad cardiovascular también produce una emoción. Somos conscientes de esa aceleración, amplificamos nuestro miedo, y aumenta la segregación de neurotransmisores y de sustancias hormonales.
Eso significa que las emociones no son más que patrones de respuesta. Pero con esa respuesta podemos amplificar el problema si la emoción inicial es desagradable o varía de forma desestabilizante nuestro patrón físico habitual.
Los pensamientos crean sensaciones al cuerpo, que luego se prepara para luchar contra ellas. El organismo físico no es capaz de distinguir entre un peligro imaginario y uno real, así que los mecanismos de control físicos se pondrán en marcha en ambas ocasiones, en función de las emociones iniciales que envíe nuestro cerebro. Nuestra actitud frente a las cosas puede mejorar o empeorar nuestras constantes fisiológicas. Incluso algunas curaciones físicas – verificadas por la ciencia médica – de casos etiquetados como intratables, han revelado que casi todos esos pacientes pusieron en marcha un proceso espontáneo de sanación, cambiando radicalmente su estado habitual de conciencia. Este cambio de actitud emotiva fue el puente mágico entre la enfermedad y la salud.

Cazavampiros

Cuando vemos desde afuera a un agresor, podemos defendernos, pero cuando está dentro nos provoca indefensión psicológica. Nuestro cuerpo es una especie de retrato en tres dimensiones: un holograma gigante de aquello con lo que llenamos nuestro inconsciente. La mente consciente nos puede mentir y darnos la información errónea de que nuestro cuerpo esta sano; por el contrario, la mente subconsciente es incapaz de mentir y refleja en el organismo el estado real de la situación.

Lo que parece evidente es que cuando experimentamos la desagradable sensación de que hemos sufrido un paro energético, deberíamos buscar la explicación lógica de esas sensaciones que nos invaden y etiquetamos como de orden “negativo”, sin tener que recurrir a otras de carácter extranatural.

Pensemos en una persona que tenga la sensación de “ahogo” y “debilitamiento” en su propio hogar, lo que debería ser su lugar mágico de recogimiento y descanso, pero no lo es. Esta persona presiente que algo esta fallando. Alguien puede atribuir esto a fuerzas extrañas, a invisibles “chupadores” de vida. En realidad deberíamos asociarlo con la idea de que, en esa casa, están plasmados numerosos recuerdos de sucesos que llevan a nuestra mente impresiones negativas.

¿Significa esto que los vampiros psíquicos no son entes reales? Hemos visto hasta ahora la parte más importante del problema, pero lo cierto es que los vampiros psíquicos parecen existir. Como resultado de un comportamiento enfermizo, hay personas melancólicas y depresivas, que se alimentan de la actitud vitalista de otros. Son incapaces de generar la actitud positiva adecuada para sentirse bien por sí mismos e, inconscientemente, para compensar esa deficiencia, buscan víctimas que les alimenten. Existe un abundante grupo de individuos capaz de “cargarse” o abastecerse de forma habitual “robando” la energía anímica de otras personas.

Psicológicamente, se alimentan de nuestro estado de ánimo. A este siniestro grupo pertenecen todas aquellos individuos con bajones energéticos provocados por estados anímicos depresivos o alterados. Frente a tales sujetos, una programación psíquica adecuada resulta imprescindible.

En muchas ocasiones, después de una conversación o charla con el supuesto vampiro, uno se queda con la impresión subjetiva de que le han “vaciado” parte de su campo energético, mientras la persona que estaba inicialmente desanimada ha cambiado su actitud y parece alejarse de nosotros con un aspecto más bien radiante y dicharachero. Este mismo efecto puede manifestarse en el transcurso del vivir cotidiano, en prácticamente cualquier área de nuestra vida en la cual tengamos que sufrir los lloros y lamentos, incluso las iras de vecinos insufribles, amigos insoportables, familiares “palizas” y amistades irritantes.

Para poder sobrevivir a todos ellos y conservar nuestro campo básico de funcionamiento con una mínima estabilidad psíquica y emocional, es necesario crearnos una “segunda piel”: un verdadero escudo protector generado por una correcta visualización y programación de emociones útiles y positivas. Si somos capaces de conseguirlo, notaremos los resultados en nosotros mismos y en todas los dominios de nuestra vida.